¿CÓMO ME SIENTO?

Es una pregunta que me han hecho varias personas después de un ataque de pánico que me dió hace poco. Gracias a todos los que se han acercado a mí.

La respuesta no es solo bien o mal. La respuesta es complicada, la respuesta es larga y como dice mi papá: de sus tres hijas yo soy la más complicada, pero la más profunda…aquí les va, les prometo que no es queja.

Después de la noticia del nuevo encerramiento lo primero que hice fue hacer este sonido de tigre wannabe: arrrrggggggggggg. Luego, grité en la almohada. Después, respiré y pensé en lo afortunada que soy por tener salud y no estar en esas estadísticas. Ni mi familia.

Mis emociones en estos últimos meses han sido muy de montaña rusa, pero imagínense una montaña rusa de esas enormes que cuando bajas el estómago se te sube a la garganta. Bueno, así. De las más grandes que hay. Cuando me regulo estoy agotada, tengo sueño y solo quiero estar sola. La depresión empieza a asomarse y a llamarme al hueco negro. Como me pasó hace unos días. Todavía estoy ahí, con los ánimos así pero se que todo es un ciclo y si hago mis tareas de auto regulación lo supero. Yo tengo el poder sobre mi misma.

Me siento triste por los poco empáticos, pero una parte de mi los entiende. Probablemente estén pasando un mal momento también. Yo no creo que a nadie le guste ver a otro sufrir, pero sí creo que es difícil ponerse en los zapatos de los demás. Hay que hacer un gran trabajo de empatía y salirse de la cabeza de uno mismo para pensar en el otro. Eso requiere valentía. Y ahí si podemos estar de acuerdo en que no todo el mundo es valiente. A veces yo no soy valiente.

Yo adoro la naturaleza. Todos los animales me parecen hermosos, aunque sean del grupo de los feos. Me fascina estar cerca del verde y olerlo. Me regulo fácilmente cuando estoy cerca de ella y gracias a la vida, lo estoy. Tengo mucho verde a mi alrededor y solo verlo ya me tranquiliza.

Escribir tambien me tranquiliza.

Seguiré con todas mis técnicas de autorregulación hasta que nos vuelvan a dejar salir a la calle libremente. La libertad es otro lujo que nadie tiene ahora. Eso no es normal. Para mí la libertad es hacer lo que quiero y por mi natural rebeldía que alguien no me deje hacer lo que quiero me frustra. Así que aparte de rabia, tambien esta la frustración. Y la impotencia me lleva a la tristeza y la tristeza hace que me quede metida en el hueco negro con la mente bloqueada.

¿Sabes lo que es estar bloqueada? Es no pensar en nada. Es una especie de meditación pero dañina. Cuando yo me deprimo me meto en mi cama y no hay quien me saque, solo yo misma. Veo por la ventana y no pienso en nada. Las lágrimas salen como un chorro y sin poder controlarlas. No es un sollozo, a veces si, pero usualmente no lo es. Es como un estado meditativo, con lágrimas y total desesperanza. Por lo menos para mi es así. ¡Qué difícil poner en palabras mis peores momentos! Pero yo confío en que todo lo que escribo a alguien le ayuda de una u otra forma. Tal vez si yo escribo de esto, puedes ver que alguien en tu casa esta así. Quien sabe.

Digamos que ahora mismo estoy regulándome todavía. Escribiendo mis emociones y haciendo mis tareas. Tomando el sol desde donde sea que lo agarre…

El día de mi crisis mi esposo me pregunta si yo creo en Dios. Mi respuesta fue “más o menos”. Yo toda mi vida he sido una persona muy espiritual. Yo siempre he creído en Dios, yo sé que esa fuerza existe y sé que hay algo que es lo que hace que el amanecer y el atardecer existan. Hay una inteligencia por ahí que hace que las aves sepan exactamente dónde están sus crias y regresen a ellas. Cuando uno está deprimido, se distorsiona todo, hasta nuestras creencias. Por eso me tomo un momento para escribir lo siguiente.

Querida fuerza divina que estás por ahí:

La verdad no me gusta llamarte Dios porque siento que eso te personifica y no eres una persona, eres una fuerza, eres una inteligencia, eres una energía que une las cosas…o las separas. Eres el bien y eres el mal. Eres lo feo y lo bello. Te quiero decir algo. No soy una sabia para confirmar que nos merecemos esto, pero si puedo decirte y pedirte en la manera de tus posibilidades energéticas que siempre te asomes. No te digo que pares la pandemia porque eso es muy simplista. Solo pido que los amaneceres sean más bellos, que los atardeceres los pintes más de morado y rosado, que los pájaros canten más fuerte en mi ventana para escucharlos cuando estoy debajo de mis sábanas en estado de bloqueo. Te pido que no dejes de cerrarme puertas cuando las cosas no me convienen y que me ayudes a reconocer cuando las cosas son para mi. Eso incluye a las personas. Te pido sobre todo que me des la fuerza y la inteligencia para tener siempre presente cómo cuidar a mi familia y mantenernos sanos. No te estoy pidiendo que los mantengas sanos. Te estoy pidiendo que me des a MI un poco de luz para ver bien y tomar las decisiones correctas. Yo soy inteligente, yo sé lo que esta bien y lo que no. Yo tengo sentido común, pero a veces lo pierdo.

Ahora mismo, Iván está hablando por teléfono con alguien de su trabajo, sobre lo difícil que es esto para muchos empresarios y le acabo de escuchar decir “gracias a Dios” a algo que le preguntaron. No se qué fue pero te tenemos presente.

Gracias a la vida por ponerme a vivir esto. Soy fiel creyente que en lo difícil está la verdad. Que estos momentos son los que nos hacen crecer. Imagínense salir sanos (mental y físicamente) de esta pandemia. Somos unos duros. Lo podemos hacer. Hagámosle.

OBSERVA, NO ABSORBAS

Hace unos meses fui a hacerme unas terapias energéticas con Zora Hanackova, una de las cosas que me sacó fueron los tipos emocionales en cada persona. Los tipos emocionales son los filtros que tiene cada persona para ver el mundo. Hay 4 clases de tipos de emociones:

  1. El Intelectual: que es brillante, articulado, analítico. Súper cómodo resolviendo problemas de manera lógica e intelectual. Pero, tiene problemas conectando con sus emociones.
  2. El Empático: súper sensible, da naturalmente, conectada espiritualmente y escucha a los demás. El absorber los problemas de los más en forma de energía dañina, no le ayuda en nada. Le pone ansioso, se deprime y le cuesta poner límites.
  3. La Roca: emocionalmente fuerte para sí mismo y para los demás, práctico y puede mantener su “cool” en momentos de crisis. No juzga. Le cuesta conectar con sus emociones. Refugia frustración y rabia y sus relaciones no tienen profundidad.
  4. El Efusivo: espontáneo, directo y auténtico. El buscar aceptación de los demás y no confiar en su intuición no lo hace tomar suficientes riesgos. Reina o rey del drama.

Un día en una terapia yo le dije que yo sentía profundamente lo que le pasaba a los demás, que me pasaba meses obsesionada por el dolor ajeno, pero que no estaba ayudando de ninguna manera a liberar ese dolor, aparte de las clásicas donaciones que uno hace a la iglesia cuando la ropa de tus niños se les empieza a quedar chica. O te aburriste de un par de jeans. Realmente, me sentía mal, pero no hacía nada; solo sentirme mal…

Ella me decía que tenia una maleta en mi espalda cargando los problemas de todo el mundo como si fueran propios, que tenía la necesidad de arreglarle la vida a la gente. Ahora que estoy escribiendo esto me pregunto si tengo algún complejo de súper mujer que quiere salvar el mundo.

Yo soy Empath 100%. Me pongo en tus zapatos, camino en ellos buen rato, me imagino siendo tú y me gustaría darte un break y tomar tu puesto un rato para que descanses. Y el daño que me estoy haciendo cargando con eso se traduce en quererlo controlar todo, no dejar las cosas ni a las personas ser y no descansar. Sí, yo duermo, pero amanezco cansada. Como si ni en mis sueños me dejara descansar. Pero, por qué?

Ya se que siempre seré una Empath porque aunque tenga su lado negativo, me pesa más el positivo y me gusta. Me gusta ser una Empath porque me gusta ver el corazón de los demás, saber sus preocupaciones y ayudar a resolverlas juntos.

Me ayuda a ver más allá de un problema, me hace tener la certeza de que si miro a una persona a los ojos puedo saber si me dice la verdad o no (somos altamente sensibles) y sobre todo, me ayuda a mí misma a hablar desde el corazón. He aprendido que lo que no se dice con el corazón, no tiene mucho fondo.

Mi psicóloga me envío esto hace unos días:

UNA CARTA POCO COMÚN

Querido Matías o Peter,

Te fuiste muy temprano. Dicen que los varones aguantan menos que las niñas. Que el cuerpo es sabio y que bota lo que viene mal. Sé que eras un cúmulo de celulas y tu alma no estaba ahí todavía. Si bueno, el corazón latía, pero eso es una máquina, o sea el cuerpo es una máquina. Lo rige una inteligencia suprema más adelante, como al cuarto mes. Eso es lo que creo, lo que leí y en verdad no solo lo digo yo, lo dicen las tradiciones antiguas. Y para serte bien honesta, le creo bastante más a las tradiciones antiguas que a las religiones de ahora. ¡Qué complique de mamá te iba a tocar!

Pero te amé desde el primer momento en que supe que estabas dentro mío. Si, no le estoy hablando a tu alma querido. Le estoy hablando a la idea de ti que nunca se materializó. Le estoy hablando a la energía y al nombre. Siempre me encantó Matías. También me gustaba Peter para hacerle el juego al que iba a ser tu padrino. No es que el doctor me hubiese dicho que eras un niño, pero yo te soñé y yo te intuía.

Verás bebé, me dijeron que te escribiera una carta y que después la quemara o la dejara volar por los cielos. Todavía no se muy bien qué haré, pero por alguna razón te extraño. Nunca te conocí, tal vez solo extraño la idea de ti. No, no te pongas triste amor. Yo tuve una niña preciosa después de un tiempo. Ella se llama Anna y ella hubiese sido tu hermana menor. O tal vez no. Tal vez solo nos hubiésemos quedado contigo como mi único hijo. Quien sabe, la verdad es que tengo pésima experiencia con hombres que son hijos únicos…con las mujeres es otra historia. Por ahora, Anna sí se quedó como la única que llegó a nacer.

Me pregunto a cuál cuerpo entraste después. Quiero pensar que naciste y que tu familia te ha dado tanto amor como lo hubiéramos hecho nosotros. Sabes que alguien una vez me dijo que cuando una mujer tiene deseos muy fuertes de ser madre es porque un alma está tocando la puerta para nacer. Nunca lo investigué, pero me pareció hermoso y lo tomé como una verdad. Nosotros estábamos tan listos para dejarte entrar, para recibirte. Pero tu no estabas listo. O tal vez nosotros no estábamos listos.

Hay cosas en esta vida que las he olvidado, he olvidado discusiones, he olvidado cosas hirientes que me han dicho y hecho, he olvidado hasta emociones por gente que ya no participa en mi vida porque hemos tomado caminos distintos. Pero hay cosas que jamás he olvidado. No olvidaré jamás el día en que Anna nació. Y nunca, pero nunca, olvidaré cuando llegaste a mi vida y luego te perdí.

Entiendo que hay personas que pasan por esto varias veces, que los doctores dicen que es muy común, pero al menos yo, que fui medio de transporte por un tiempo no lo siento nada común y no se cómo hubiese podido superarlo si se me hubiera ido por segunda vez.

Eras muy pequeño mi amor, imposible entender todo esto. O tal vez sí, porque estabas todavía más del lado de allá con toda esa sabiduría que de acá en la materia.

Cuando te perdí, ni siquiera sabía cómo iba a ser ese amor, solo viví el principio de el, pero no el centro del asunto. Nunca te vi los ojitos, nunca sentía tus pataditas, pero siempre te imagino.

Sabes que cuando empecé a escribir esta carta el cielo estaba nublado y ahora, el día se convirtió en un día de verano. Si, es verdad el clima cambia tan rápido por acá, pero yo se lo atribuyo a algo más grande. Hay un viento intenso ahora mismo que me hace pensar que si llegaste a nacer. Alguien te cargó por meses en su panza y estas en algún lugar. Y espero que seas feliz. Que esa idea que fuiste, haya nacido sana. Tal vez en el camino te terminaste convirtiendo en una niña. Quién sabe, el estudio de la genética no es lo mío.

Pero Matías, te deseábamos tanto y te nos fuiste. No pude sostenerte por más que quise y me acuerdo que traté de aguantarte adentro. Te fuiste porque no era tu tiempo y tampoco el mío. Tampoco el de tu papá. No estábamos listos para convertirnos en familia.

Tal vez nos encontremos en otra vida. ¿Qué tal suena eso? Recuerda que regresamos una y otra vez hasta que hagamos las cosas bien. Cuando nos reencontremos algo importante nos unirá. ¿Te imaginas que nos re encontremos en esta misma vida? Pueden pasar tantas cosas. También puede ser que no te reconozca y eso no sería lo peor. Todos estamos conectados y de alguna u otra forma nos tocará conocernos, porque así funciona. En verdad lo más probable es que no nos reconozcamos, pero es lindo soñar.

Tengo que dejarte ir, pero es difícil. Todavía lloro por ti, ¿eso es normal? ¿qué es lo normal?

Creo que nunca te dije que te amaba. Tanto que 7 años después todavía te pienso y siento una lágrima que se acaba de convertir en llanto. Necesito respirar antes de escribirte lo siguiente.

Ya es hora, dejo ir la idea de ti, te libero de mi apego y de nuevo, te amo bebé.

Tu mami (que tal vez no fui tu primera, ni tu última).

THE ROAD NOT TAKEN

By: Robert Frost

“Two roads diverged in a yellow wood,
And sorry I could not travel both
And be one traveler, long I stood
And looked down one as far as I could
To where it bent in the undergrowth;

Then took the other, as just as fair,
And having perhaps the better claim,
Because it was grassy and wanted wear;
Though as for that the passing there
Had worn them really about the same,

And both that morning equally lay
In leaves no step had trodden black.
Oh, I kept the first for another day!
Yet knowing how way leads on to way,
I doubted if I should ever come back.

I shall be telling this with a sigh
Somewhere ages and ages hence:
Two roads diverged in a wood, and I—
I took the one less traveled by,
And that has made all the difference.”

EL COLOR CREMA

Esta mañana, mi hija Anna me pide que la ayude a pintar un dibujo de unas muñecas. Me pide si le puedo pasar el color piel y ¡zas! casi caigo. Casi le paso el color “piel blanca”. Me detengo, me tomo diez segundos para pensar qué le voy a decir. Le digo: Anna, mi amor, ¿cuál color piel? Me responde: el cremita mami.

Yo definitivamente no estaba preparada para hablar de racismo con mi hija de 5 años.

Le dije que recordara que hay muchos colores de piel. Está el cremita, pero también está el crema oscuro, el oliva, el chocolate claro, el chocolate oscuro, el rosadito. Y así le expliqué. Por supuesto que me quedé pensando en esto por un buen rato y no me aguanté y aquí estoy escribiéndolo.

¿Sin querer le estamos enseñando a nuestros niños a ser racistas? ¿O sin querer queriendo? Mejor dicho, ¿las mujeres blancas le estamos enseñando a nuestros hijos a ser racistas? Con toda honestidad yo creo que sí. Pero sin querer queriendo. Y por favor, ahórrense el: “pero ‘ellos’ también son racistas con ‘nosotros'”. Porque “nosotros” se los enseñamos. Se los dijimos. Se los mostramos. Y actuamos en ello, bastante. De manera cruel. La gente murió. Esto es grave y parte de nuestra historia.

Mientras escribo esto me recuerdo de mi empleada doméstica. ¿Vieron lo que hice ahí? Dije “mi”, como si fuera de mi propiedad. Como si por pagarle un salario (completamente miserable para todo lo que hacen, pero ese es otro tema) nos hicieran sus dueños. Alguien lo dijo una vez en Twitter, es como un esclavismo moderno.

La chica que trabaja en mi casa y yo estábamos viendo la serie Bolívar en la sala de la casa. En algunas de las partes la serie se pone muy cruda en cuanto a las escenas de racismo en el tiempo de los esclavitud en América. Yo estaba impresionada de ver la barbaridad de cosas que los dueños de los esclavos les decían y les hacían. En toda mi ingenuidad y privilegio le dije a Yudi: ¿estás viendo esto? qué horrible, pobre gente. Y ella me mira y me dice: así es.

El papá de una amiga, le decía que por favor nunca se atreviera a llevarle un novio negro a su casa, que ni él, ni nadie de esa familia estaba dispuesto a hacer “moñitos” en esos pelos.

Hace unos años invité a un amigo, que es negro, a nuestro apartamemento. El conserje no lo dejó subir porque el personal de plomería tenía un horario especial.

Hay algo que no está bien, ¿no creen?

Yo si creo que somos nosotros mismos, son nuestros padres, son nuestros abuelos, es nuestra historia; los culpables. No hemos contado la historia bien. La comunicación entre generaciones sobre este tema y muchos otros han sido muy incómodas para que un grupo que usualmente lo integran diez hombres “rabiblancos” tomen decisiones.

De ninguna manera tengo la solución. Yo enseño en mi casa lo que siento en mi corazón que es lo correcto.

Tengo a una ídola bajo mi manga y se las quiero presentar. ¿Ustedes creen que están listos para tener esta conversación? Yo creo que sí.

EL CÍRCULO

Tengo años con bruxismo, que es la acción de apretar y rechinar los dientes de noche o de día, en mi caso cuando estoy concentrada en algo. Por ejemplo, ahora mismo lo estoy haciendo y me acabo de dar cuenta. Esto desgasta los dientes, están golpeándose uno a uno; dormida no me doy cuenta hasta que mi esposo me despierta porque no puede dormir por el sonido o porque está aterrado que me vaya a romper la dentadura con semejante batalla allá adentro. La férula que tengo es vieja y muy desgastada, por lo que tengo que cambiarla. Porque soy como soy, tiendo a atender a todo el mundo antes que a mí y pues lo he dejado de lado.

Por el bruxismo he estado durmiendo mal. Me duele la mandíbula, el cuello y la espalda al día siguiente. He estado entre pastillas para relajar, dormir mejor, métodos naturales, etc. Pero esta condición, principalmente, la causa el estrés. Y yo respiro estrés. Siempre he sido ansiosa.

Me fui a la clínica del dolor y y después de gastarme un brazo y una pierna y de sumar en mi cabeza las 15 terapias que me enviaron con láser para desinflamar, me di cuenta que mi póliza de seguro médico no me cubre ni la mitad de esas terapias. Y yo no puedo pagar tres sesiones a la semana como era lo recomendado.

Luego de esto, tomé una decisión poco común pero en mi corazón se sentía bien. Me fui a llorar a casa de mis suegros. En dónde la esposa de mi suegro me dio los mejores consejos sobre tantas cosas, varias veces se había ofrecido pero, yo por orgullo y por una discusión tonta que tuvimos hace unos meses no quería hablarle mucho. Ella y yo somos bien diferentes o tal vez bien iguales. Todavía no me decido porque muchas veces chocamos y no estamos de acuerdo en varios temas, pero como ella me dijo una vez “familia es familia” ¡y carajo cómo me cuesta hacerle caso a esta mujer cuando tiene la razón! Es la edad y la experiencia. No es que esté vieja pero, mayor que yo. También parece que se casó con un hombre con las mismas mañas que el mío y pues, podemos hacer bonding buscándoles las similitudes que nos desesperan. Y si por casualidad ellos están leyendo esto, supérenlo. Ustedes dos son idénticos, en todo lo bueno y en lo poco malo que tienen.

El punto de todo esto es que mi día fue una tremenda porquería ayer. Lleno de dolor, lloré, grité, llamé a mi psicóloga mientras me senté en una esquinita en mi clóset mientras le lloraba. En media conversa me dió un ataque de pánico. Para rematar, no? Ella me ayudó a salir de él y con tan solo escribir sobre esto en este momento, el pánico me toca la puerta para saber si estoy disponible de nuevo….no, pánico, no lo estoy. Hoy no es el día. Ya medité y alineé mis chacras. Fuck you, fuck you, BIG time!

Con mi cuñada también hablo bastante y ella me dice que cuando siente que se va para abajo en la montaña rusa, mejor se baja. Se desabrocha el cinturón y se baja. Lo que me pasa a mí es que a veces se me olvida bajarme porque tengo la mente congestionada de emociones…pero debo bajarme más a menudo. Además que la adrenalina es deliciosa, no? ¡Cómo nos gusta el sufrimiento!

Al final del día, lloviendo y tronando como solo pasa en esta selva tropical, me puse mi pijama, me metí en mi cama y, en ese instante, una amiga me manda una foto cuando estábamos en la playa juntas hace unos años. Estábamos en una fogata en Playa El Toro en Pedasí, acostadas sobre una manta en la arena y como a mi me encanta documentar cada minuto de mi vida por si algún día pierdo la memoria, nos tomé una selfie. El flash nos encandiló la cara y ambas cerramos los ojos y ella se tapó los ojos. Nos reímos. Nos reímos bastante. Y lo mejor, cuando vi la foto en mi celular, me reí yo. Se me quitó todo. El estrés se me levantó de los hombros. Y ahora mientras escribo esto, lloro. Lloro de alegría de tener una amiga que “algo” hizo que me mandara en ese momento esa foto, en el día más difícil de mi cuarentena.

Como si la foto de ese recuerdo tan divertido no fuera suficiente, me escribe alguien con quien había perdido el contacto hace unos meses y me dice que le gusta mucho como escribo, me dijo cosas muy lindas que me llenaron el corazón. A los minutos, otra amiga me escribe y me dice que por favor no pare, que quiere seguir sabiendo qué pasa en mi vida. Que algo tengo adentro y que algo está saliendo de mí que no había visto antes y que es solo el comienzo. Aclaro aquí que yo no me creo nada especial en cuanto a la escritura y que me toca descifrar un poco qué es lo que le gusta a la gente y qué estoy haciendo.

Finalmente, di gracias. Di gracias a la vida por funcionar así. Por ser redonda como un círculo. Porque cuando estás abajo, ya sabes que la única manera de seguir andando es subiendo la loma del círculo. Me dormí con una aplicación de meditación y hoy me desperté arriba del círculo; pero me desperté con cuidado y toda la mañana he estado caminando suave, con delicadeza, casi como si todo se pudiera quebrar en un dos por tres, gozándome la parte de arriba del círculo, que es tan fugaz como lo es la parte baja, solo que esa se nos hace eterna…

Así que si alguien necesita leer esto hoy o mañana o el día que sea, sépalo. Sepa que el círculo es cerrado, estás adentro y bajas y subes, y bajas y subes. Una y otra vez. Disfruta lo de arriba y aprende de lo de abajo. Prepárate para cuando vayas de bajada y saborea cada minuto desde su cima.

Y aquí, sigo llorando de alegría porque estoy arriba y estoy feliz, con todo y mi bruxismo, con todo y que estamos en cuarentena, con todo y que mi calendario del celular dice que en unos días empieza mi PMS.

ROADTRIP 101

Hace como 10 años salió un artículo en la Revista Ellas sobre personas que dejaron la vida en la ciudad y se mudaron al interior. El articulo se llamaba “Me mudé al interior”. Me encantó leer por qué la gente se mudaba y tomaba esa decisión tan poco común. Me gustó leerlo tanto porque mi esposo y yo lo acabábamos de hacer. Nos mudamos un julio del 2010 a Chitré y vivimos por 6 años y medio en esa pequeña ciudad que nos vio madurar tanto.

Lo único que no me gustó del artículo en general es que no nos hubieran llamado para entrevistarnos. Cuando lo estaba leyendo, pensaba: “pero yo puedo decir tanto, quiero decir tanto, quiero contarle al mundo entero porque rompimos esquemas y nos fuimos de la jungla de concreto y quiero gritarle al mundo que ¡soy rebelde!”. Por otro lado, mi esposo no estaba tan exaltado como yo y mis emociones; él es de los que dice que me voy a morir de exagerada. Será.

Cuando Iván y yo decidimos casarnos siempre nos dijimos que queríamos ir a vivir al interior del país. No sabíamos dónde, pero una vez de novios, fuimos a pasar unas vacaciones en Tierras Altas, paseamos por todo Cerro Punta, Volcán y Boquete. Me acuerdo que nos quedamos en las cabañas Kusikas que era el alojamiento en donde yo me quedaba con mi familia cuando visitábamos Chiriquí siglos atrás. Estaban exactamente iguales, deliciosas. El río pasa detrás de ellas, están separadas las unas de las otras y los pinos alrededor. El clima fresco y de noche nos teníamos que abrazar extra fuerte para no morir congelados.

Me acuerdo que nos montábamos en el carro y paseábamos sin saber muy bien a dónde nos llevaba la carretera. Llegamos a una loma en donde se veían las vistas más verdes que había visto jamás. Nos bajamos del carro y nos quedamos varios minutos observando lo que sea que vivía allá abajo, lo que sea que nos daba esa tranquilidad, y vimos la bruma; cómo se abría como si supiera que necesitaba apartarse. Fue ahí, fue ese momento, en que ese paisaje y yo nos reconocimos. En el camino de vuelta a la ciudad, le dije a Iván que cuando nos casáramos yo me mudaría al interior con él. Y ese fue el principio…del principio.

2007, Tierras Altas, Chiriquí.

BULLYING

Estaba en segundo año del colegio en secundaria, tenía 14 años. Mi colegio era solo de mujeres y por cada año habían dos salones con cuarenta estudiantes cada uno. Ese fue el año 2000 y me acuerdo que el primer día de clases fue lo contrario de emocionante porque en el listado de la puerta del salón, no había quedado con las compañeras que quería. No había quedado con mi mejor amiga. Pero la experiencia de vida que fue el año 2000 lo compensó todo.

El timbre sonó, los papás despidiéndose de sus hijas, no recuerdo si los míos fueron o ese día me fui en el bus del colegio, tomé un puesto, recuerdo que era la segunda fila en el tercer puesto. Atrás se sienta una niña nueva, venía como de un colegio gringo y adelante se sienta esta otra niña que había entrado el año anterior.

Por mi parte yo nunca he sido conflictiva, no soy mezquina y recuerdo que siempre le prestaba mis plumas, apuntes, conversábamos de nada importante, riéndonos de los profesores…un poco de bullying hacia ellos, los pobres, muy probable que son una de las poblaciones que más recibe bullying psicológico o verbal.

Con la gringita de atrás empecé a tener un poco más de click. Lily era muy dulce, hablaba un splanglish interesante y yo quería hablarlo también. Escribía poesía y siempre estaba perdidamente enamorada de algún niño. Aparte que Lily tenia un hermano guapísimo.

Estábamos tan cerca las tres que conversábamos más, salíamos en los recreos y formábamos desorden en el salón desde ese fila de tres pupitres. Creo que era de esperarse que alguien sintiera celos de nuestra relación dentro de nuestra tríada. Tres son multitud cuando se está muy cerca. La del frente empezó a inventar historias de mi a Lily. A los 14 años somos muy impresionables, dramáticas y de poco auto control. Lily le creyó, nunca me confrontó y ahora yo tenía dos enemigas. Lily nunca me hizo real daño, pero la del frente, me destrozó. Corría chismes y hasta un día me acuerdo que haciendo una entrevista en un cuaderno llenado por casi 80 niñas, me llamaron hipócrita y miles de nombres más. Repito, para alguien de 14 años que seas conocida como una hipócrita (y todo lo demás) hace que no existas. Mis amigas del otro salón, mis amigas de otros años, nadie me hablaba.

Pasé un año buscando aceptación de la gente, mis notas comenzaron a verse afectadas, empecé a fumar y a tomar y me encontré con mi primer amor en medio de esa experiencia tan dramática, tan adolescente, tan teátrica casi. A mis papás no les gustaba y creo que eso lo hacía más divertido y atractivo. Me escapaba con nos él, besábamos en su carro y fumábamos escuchando Bob Marley. Un día paseando con las ventana abajo en la noche, me dedicó la canción que sonaba en la radio en ese momento, Es Por Ti de Juanes. 14 años. El 16. Yo, altamente impresionable y sensible y emotiva y todo lo demás con que tenemos que tener mucho cuidado cuando tenemos esa edad. Todo esta experiencia me entretenía y me olvidaba del resto. Qué difícil fue ese año 2000 en secundaria.

Mi papá pronto se enteró de mis andanzas y me canceló la vida. Yo vivía, pero con mi vida cancelada.

Pasaron los años y más nunca quedamos en el mismo salón. O así lo recuerdo. O tal vez la tenía tan eliminada de mi vida que la bloqueé. Más nunca hablamos, ni siquiera sobre temas de colegio, no recuerdo tampoco de verla con amigas. Iba de grupo en grupo. Y no se le veía feliz. Seguro algo pasaba en su casa. Algún problema tenía…y en efecto era así. El dinero no compra el afecto. Después de unos años, la cambiaron de colegio.

Hoy en día, a mis 33 años puedo darme cuenta de cuánto sufría ella. Tal vez sufrió más que yo con mi reputación afectada en todos los aspectos. Mi baja autoestima por tantos años y la voz que tenía en mi cabeza que me decía que estaba sola fueron secuelas de una herida a la sensibilidad y la fragilidad de la personalidad de una niña de 14 años. Después del colegio, yo llegaba a un hogar que con defectos, funcionaba bien. Ella llegaba a una casa, dudo que haya sido un hogar. Esa es mi teoría.

Y quiero aprovechar que tengo mi puerta abierta para decirle,

Querida niña del asiento del frente,

Espero que tengas una vida espectacular, que tengas todo lo que fisicamente necesitas. Espero que también puedas conseguir lo que nos da esa satisfacción en nuestros últimos días de haber vivido. Quiero que sepas que te perdono, te dejo ir y te invito a que dejes ir tu dolor, si es que ya no lo has hecho.

La vida se vive más fácil cuando uno tiene las puertas abiertas.

Con tantos deseos de que estés sana justo en estos momentos,

La niña de atrás.

Por último, quiero contar que Lily y yo seguimos siendo muy amigas, ella también se fue del colegio pero, nos reencontramos casi 20 años después siendo madres, esposas, adultas y todavía con esa química que siempre nos unió.

DÍA 48 DE CUARENTENA

¿Qué fue lo primero que pensé y sentí cuando dijeron en las noticias que nos debíamos quedar en cuarentena? Probablemente por más de 40 días…Recuerdo encontrar una sensación de tranquilidad en vez de angustia y de seguridad en vez de pánico. Me sentí cómoda y alegre de poder quedarme donde más me gusta estar, con las personas con quien más me gusta estar.

Paralelamente, esa sensación de tranquilidad se convirtió en angustia y me puse a pensar en el tiempo que esto tomaría, lo mal que muchas personas la van a pasar y sobre todo, la inseguridad de todos los vulnerables en esta pandemia. Me deprimí, la ansiedad empezó a sacar lo peor de mi y tuve que ponerme a trabajar de manera activa en mi salud mental.

Y sin que nada de lo que escribo se malinterprete como si hablara de mis privilegios, quiero decir que para mi esta ha sido una oportunidad para crecer. Algunos no se darán la oportunidad o simplemente no podrán porque no saben, pero con todo y sus subidas y bajadas; porque no todos los días son iguales y las emociones encuentran el punto débil, ha sido un momento para estar conmigo.

Esto me recuerda cuando tenía 16 años. Había quedado con mi amiga de vernos en un restaurante, yo me bajé del carro de mis papás, entré al restaurante, tomé una mesa y me senté a esperarla. Me acuerdo del orgullo que me daba estar sola esperando a otra persona, como si fuera una adulta. Cuando los demás me veían se debían reír porque yo siempre he tenido cara de niña. Mi amiga siempre se demoraba en llegar a todos lados y me hacía esperar porque no soportaba la idea de llegar primero sola. Recuerdo que le preguntaba el porqué, a lo que me decía que no le gustaba estar sola, ni que la vieran sola. Me acuerdo que le dije: pero no estas sola, estas contigo ¿Acaso no te gustas? Digamos que la cena supo un poquito amarga después, pero todavía somos buenas amigas.

Y lo que estamos viviendo es parecido. Aunque estemos en una casa llena de personas pasando la cuarentena o estemos “solos”, no lo estamos de verdad, estamos con nosotros mismos. Estamos extremadamente sensibles, o al menos yo lo estoy, así que me estoy tratando bien. Me estoy tratando con cariño, no decirme “morona” cuando busco el celular y estoy hablando por el o cuando le echo leche al vaso de agua en vez de a la taza de café…me estoy tratando bien, me doy permisos, me consiento y lo más importante me hablo con compasión.

CON LA PUERTA ABIERTA

Yo tenía días de sentirme alejada, cada quien se acostaba por su lado. Un buenas noches y un buenos días, acompañado de jalón de pies en la cama sobre las sábanas para despertarme. Fueron semanas de esto. Hasta que uno habló.

El otro no se había percatado de que estas cosas se hablaban, pero siempre obediente a escuchar, lo hizo, para que la otra persona le dijera que había una distancia. Que se sentía una distancia. Es más, se hablaba con distancia.

Uno de ellos le dijo que le resentía por unas cuantas cosas y de tanto guardar alzaba un muro. La otra parte le dijo que la telepatía no era lo suyo y mejor hablar. Se recordaron momentos con palabras hirientes, se recordaron momentos felices, se dijeron lo que se querían y lo que querían.

Hablaron con el corazón, con el alma abierta, con lágrimas y sin lágrimas. Se dijeron lo que se amaban, que se imaginaban envejeciendo en la montaña juntos y ella le dijo, que le construyera su futuro junto a él.

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