20 COSAS QUE ME HAN PASADO EN ESTA PANDEMIA (QUE AÚN NO TERMINA)

* No necesariamente en orden de tiempo.

  1. Me dio un ataque de ansiedad tan fuerte que quedé inservible por tres días. Iván conoció a mi psiquiatra.
  2. Cociné como si no hubiera un mañana.
  3. Me comí todo lo que cociné.
  4. Engordé por todo lo que comí.
  5. Empecé a meditar de verdad.
  6. Empecé a hacer yoga de verdad.
  7. Me acerqué a gente con quien había perdido un poco el contacto.
  8. Aprendí a usar Zoom y lo sigo detestando.
  9. Mi hija y yo hemos descubierto el mágico mundo de la naturaleza, sus animales y el respeto hacia ellos.
  10. Me volví vegetariana.
  11. Le metí cariño al jardín y he aprendido mucho de plantas por ensayo y error.
  12. Me hice test de Covid dos veces y ambos negativos.
  13. Adelgacé sin querer cambiando mi dieta.
  14. En un arrebato agarré mi carro y me fui a Pedasi a ver a mi papá.
  15. A Anna se le aflojó un diente.
  16. Mis perros cambiaron a dieta vegana y están más saludables que nunca. ¡Gracias Puro Love Pets!
  17. Me hice un nuevo tatuaje de un colibrí en el brazo.
  18. Me contrataron en una firma de arquitectos, pero renuncié a los dos meses.
  19. He llenado mi casa de plantas. Todavía me caben varias más antes de que parezca jungla.
  20. He puesto límites en mi vida; para con personas y situaciones.

¿QUÉ ONDAS CON MIS SUEÑOS?

Les voy a contar el sueño que tuve ayer, pero primero un poco de insight.

Mi esposo y yo estamos buscando dónde radicarnos. No ya, pero eventualmente. Cuando termine su término en un puesto que dura 4 años más. Hemos ido y venido con ideas, pero yo sí estoy clara de dónde quiero vivir y no es en la ciudad. A mí me gusta el campo, a él también.

Anoche tuvimos una conversación extensa sobre esto, de esas que te agotan y al final lo único que quieres es irte a dormir. Pero la consecuencia de tener estas conversas tan intensas y emocionales es que terminas soñando con ello; o al menos a mi me pasa.

Soñé que mi abuela paterna Maritza se había mudado a un apartamento precioso y espacioso en la Vía Argentina. Uno de esos barrios en los que no tienes que salir a menos que trabajes distante. Todo cerca. Cruzas la calle y esta todo lo que necesitas para sobrevivir, incluyendo un estudio de tatuajes.

En el sueño, mi abuela me invita a conocerlo y cuando veo, es el edificio justo alado donde vivió mi otra abuela, mi abuela materna que falleció hace 10 años y a quien extraño muchísimo. No se puede revivir a los muertos, pero si lo pudiera hacer lo haría, solo para darle un último abrazo y decirle que la amo. Porque no se lo dije antes de su muerte. Nunca olvidaré cuando mi mamá me llamó de que fuera a despedirme porque iba a fallecer en cualquier momento. Recuerdo que estaba en su apartamento, totalmente dormida, acostada en su cama. No recuerdo si he escrito de esto anteriormente, pero ese momento lo tendré grabado por el resto de mis días, siempre conmigo.

Mi abuela falleció justo antes de yo haber llegado a verla. No me pude despedir ni un poquito, pero lo que sí hice fue esperar a todos los que le rezaban alrededor de su cama salieran del cuarto; me acosté en su cama alado de ella y la abracé. Ella ya estaba muerta. Fría. Sin vida. Recuerdo que le quité sus aretes y su collar, los guardé y son mi recuerdo físico de ella, aunque no los necesitaba sentí que los quería conservar. Recuerdo no sentir su energía vital alado mío mientras que la abrazaba y lágrimas bajaban por mis mejillas por su pérdida. Cuando dejé de llorar la sentí. Sentí que me acarició y sentí que su alma estaba ahí. Sentí que me veía y me decía que ella estaba bien. Mi abuela vivía justo en Vía Argentina. Amaba ir a su casa y que me cocinara su deliciosa comida cubana, abrir la nevera y encontrarme chichas de Tang medio abiertas y azúcar regada porque no controlaba muy bien sus funciones motoras. Su cartera olía a polvo de cara y a menta. Recuerdo que cuando se pintaba los labios de rojo, sus dientes quedaban manchados. Recuerdo que me pedía masajes porque decía que yo tenía manos sanadoras. Recuerdo el olor de su cabello o del poco que le quedaba por el cáncer.

Entonces, mi sueño era de mi abuela paterna que sigue viva, a quien amo y admiro, viviendo en el edificio justo alado de mi otra abuela que falleció hace 10 años. Mi abuela me enseñaba el apartamento y era perfecto. Ventanas grandes, mucha luz natural, muebles de madera, un olor particular que describía todas las vidas que habían pasado por ahí y una paz increíble. Nunca escuché los sonidos de la calle que suelen ser continuos en ese barrio de nuestra ciudad. Había silencio, que es algo que adoro.

Mis dos abuelas me criaron. Una estuvo conmigo desde que era una bebé, a la otra la recuerdo más después de mis 8 años, fue quien me organizó mi boda, me vió por primera vez con mi vestido blanco y quien me puso el velo. Cuando Iván me propuso matrimonio su casa fue el primer lugar que visité para contarle de sorpresa. Y aunque mi abuela no sea mi mamá, es como si lo fuera.

Mi relación con mis dos abuelas era muy distinta, una estuvo enferma por muchos años, pero su historia cubana, sus comidas y sus peculiaridades era lo que la distinguía. La otra, se ha destacado por sus consejos. Por su bondad por poner a la familia por delante y por siempre estar al servicio de sus nietas. Ambas abuelas tan diferentes, ambas vitales para mi vida.

Tita Yoli, donde sea que estés te extraño. No te lo dije lo suficiente, pero te amo. Extraño tu olor y tus dolencias que te ayudaba a sanar con una conversa, un chiste, un masajito o unas cosquillitas como me pedías que te hiciera. Te hizo falta amor en tu vida y traté de dártelo, todavía siento que pude darte más.

Tita Maritza, eres quien me puede dar un consejo objetivo. Tu corazón está abierto y lleno de amor aunque a veces parezcas distante, eres genuina. Nos cuidas. Sé que no ha sido fácil quedarte sin tu maravilloso Tito. A quien también extraño horrores. pero has sido modelo de resiliencia. Haz dejado una marca en mi vida imborrable. Quiero que sepas que te amo y te recuerdo todos los días. Lo único que te voy a pedir es que me pases todas tus recetas para hacerles una transformación vegetariana :). Tu comida (o la de tu ayudante María) deben vivir para siempre en mi familia. Eres una abuelita para Iván. Eres la bisa de Anna. Eres quien me enseñó mucho de cómo llevar un noviazgo sano y un matrimonio feliz.

Las amo a las dos y ese sueño que tuve anoche, fue un maravilloso regalo para un día como hoy que estoy de bajos ánimos. Gracias por permanecer en mi memoria, espero que sea por siempre.

ESPACIO PARA CRECER

Ese pequeño árbol de la foto que tiene flores amarillas es lo que parece ser una cassia amarilla. Es un árbol que puede llegar a medir 10m de alto y es frondoso y florea amarillo.

Entonces, ese árbol está sembrado cuesta abajo, no tiene buen amarre al suelo y está rodeado de otros árboles más grandes, más fuertes y más viejos. Aparte de los arbustos que hay alrededor.

Asimismo, nosotros necesitamos espacio para crecer; y me refiero a crecer por dentro. Yo tengo demasiado crecimiento que hacer. Me molesto por tonterías, tengo la mecha corta, poca paciencia y de vez en cuando se me salen las voces que suenan muy a status quo para mi gusto.

Yo creo mi espacio para crecer con momentos a solas y en silencio. Muchas veces escribiendo. Crear mi espacio y mi tiempo, es ponerme el salvavidas. Estoy lista para estar y ser. Si no lo hago “se me sube la marea” como dice mi comadre.

Y algo así es que luce una especie de auto cuidado:

Meditando con los sonidos del río y las aves. Mindful de mi audición.

TODO TIENE SU DESTINO

Antes de que Ivan y yo nos casáramos tuvimos varias conversas sobre nuestro futuro: qué piensas de los hijos? Qué piensas del aborto? Qué piensas del matrimonio? Qué piensas de mudarte al interior? Te interesa tener mucho dinero o estar cómodo con lo necesario?.
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Varias de sus respuestas fueron un red flag for sure. Yo me acuerdo, en ese momento a mis 20 años, pensar que nosotros pensábamos distinto en muchas cosas, pero que nuestro corazón estaba unido por algo más grande. Algo espiritual.
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Ivan y yo nos conocimos en una clase de filosofía, pero de ese tipo de cursos que te voltea patas pa’ arriba tus creencias y en donde finalmente te sientes que eres entendidx. Cambié mi opinión de tantas cosas porque conocí la evidencia.
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Una de esas cosas que cuando nos casamos yo no quería, era tener hijos. Cómo voy a traer a este mundo de sufrimiento a un ser humano?. Pasaron los años (4) y empecé a sentir algo dentro mío, el famoso reloj biológico, un deseo de crear vida, de que ya era mi tiempo, de que me faltaba algo como mujer.
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En parte tal vez ese deseo vino de las redes de mi propio destino, de cortar con el ciclo de trauma y de dolor. Tal vez esa es mi misión. No lo sé.
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Pero un día soñé con un bebé y la alegría que sentí en el sueño no se podía comparar con nada de lo que había sentido antes.
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Empezamos a tratar de tener un bebé y después de una pérdida y unos meses de lucha por alcanzar mi fertilidad, lo logramos. Tuvimos a nuestra niña preciosa. Nunca supimos el sexo hasta cuando nació, tampoco le teníamos nombre. Fue cuando la vimos, Ivan y yo nos miramos y casi al unísono dijimos: Anna.
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Ha sido mágico, difícil, fácil, abrumador…Pero si esta es mi misión en la vida, si esto es lo que yo debía crear en este mundo, me doy por la persona más dichosa que hay.
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Peleo en el día, pierdo la paciencia y ella también. Pero al final del día siempre terminamos en lo mismo, ella buscando mis brazos y yo buscado sus últimos suspiros de sueño. Corazón con corazón.
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Ivan y yo hemos creado a esta personita que es el sol de nuestras vidas. El y yo siempre hemos sido muy unidos, pero con Anna, hay algo más profundo ahí ❤️.

SOBRE EL TRAUMA GENERACIONAL

He estado pensando y leyendo sobre el trauma y de cómo es posible que se herede genéticamente. Según estudios sí es posible que quede impreso en nuestro ADN.

El trauma de mi familia por generaciones ha sido repetitivo. Negligencia, padres o madres ausentes, abuso emocional, abandono, procesos de luto incompletos (si es que existe tal cosa).

Yo soy segunda generación de cubanos en Panamá y tercera generación de italianos. el trauma del inmigrante y sus patrones de comportamiento pueden heredarse y aprenderse. Yo he pasado por ambas.

Sentir que no pertenezco a ningún lado, que no soy suficiente, la necesidad de mudarme a cada rato para empezar de nuevo son algunos de esos patrones que veo en mi misma.

Pero todo termina conmigo. Yo soy la que rompe el ciclo de esas generaciones, más que nada porque ya lo entendí. Entiendo qué ha estado pasando con mis ancestros, con mis papás y los papás de ellos, etc…

Quiero pensar que mis hermanas también rompen el ciclo, pero creo que eso no funciona así porque cada individuo tiene su camino.

Lo que quiero decir es que ese trauma generacional lo estoy rompiendo sanando mis propios traumas y los heradados biológicamente y kármicamente (aunque todo es karma) para no pasárselos a Anna.

No me creo la persona más sufrida ni nada por el estilo, solo que, independientemente de la clase de dolor, es dolor. El dolor existe y la forma en que lidiamos con el es la causa de muchos de nuestros traumas.

La meditación y la introspección me han llevado a aclarar un poco las nubes que tengo adentro sobre estos temas, pero falta mucho.

En mi día 16 de Mindful Meditation puedo decir que la meditación si funciona. Da pereza empezar, pero después no quieres parar. Es una práctica de autoconocimiento maravillosa 🧘🏻‍♀️.

¿CÓMO ME SIENTO?

Es una pregunta que me han hecho varias personas después de un ataque de pánico que me dió hace poco. Gracias a todos los que se han acercado a mí.

La respuesta no es solo bien o mal. La respuesta es complicada, la respuesta es larga y como dice mi papá: de sus tres hijas yo soy la más complicada, pero la más profunda…aquí les va, les prometo que no es queja.

Después de la noticia del nuevo encerramiento lo primero que hice fue hacer este sonido de tigre wannabe: arrrrggggggggggg. Luego, grité en la almohada. Después, respiré y pensé en lo afortunada que soy por tener salud y no estar en esas estadísticas. Ni mi familia.

Mis emociones en estos últimos meses han sido muy de montaña rusa, pero imagínense una montaña rusa de esas enormes que cuando bajas el estómago se te sube a la garganta. Bueno, así. De las más grandes que hay. Cuando me regulo estoy agotada, tengo sueño y solo quiero estar sola. La depresión empieza a asomarse y a llamarme al hueco negro. Como me pasó hace unos días. Todavía estoy ahí, con los ánimos así pero se que todo es un ciclo y si hago mis tareas de auto regulación lo supero. Yo tengo el poder sobre mi misma.

Me siento triste por los poco empáticos, pero una parte de mi los entiende. Probablemente estén pasando un mal momento también. Yo no creo que a nadie le guste ver a otro sufrir, pero sí creo que es difícil ponerse en los zapatos de los demás. Hay que hacer un gran trabajo de empatía y salirse de la cabeza de uno mismo para pensar en el otro. Eso requiere valentía. Y ahí si podemos estar de acuerdo en que no todo el mundo es valiente. A veces yo no soy valiente.

Yo adoro la naturaleza. Todos los animales me parecen hermosos, aunque sean del grupo de los feos. Me fascina estar cerca del verde y olerlo. Me regulo fácilmente cuando estoy cerca de ella y gracias a la vida, lo estoy. Tengo mucho verde a mi alrededor y solo verlo ya me tranquiliza.

Escribir tambien me tranquiliza.

Seguiré con todas mis técnicas de autorregulación hasta que nos vuelvan a dejar salir a la calle libremente. La libertad es otro lujo que nadie tiene ahora. Eso no es normal. Para mí la libertad es hacer lo que quiero y por mi natural rebeldía que alguien no me deje hacer lo que quiero me frustra. Así que aparte de rabia, tambien esta la frustración. Y la impotencia me lleva a la tristeza y la tristeza hace que me quede metida en el hueco negro con la mente bloqueada.

¿Sabes lo que es estar bloqueada? Es no pensar en nada. Es una especie de meditación pero dañina. Cuando yo me deprimo me meto en mi cama y no hay quien me saque, solo yo misma. Veo por la ventana y no pienso en nada. Las lágrimas salen como un chorro y sin poder controlarlas. No es un sollozo, a veces si, pero usualmente no lo es. Es como un estado meditativo, con lágrimas y total desesperanza. Por lo menos para mi es así. ¡Qué difícil poner en palabras mis peores momentos! Pero yo confío en que todo lo que escribo a alguien le ayuda de una u otra forma. Tal vez si yo escribo de esto, puedes ver que alguien en tu casa esta así. Quien sabe.

Digamos que ahora mismo estoy regulándome todavía. Escribiendo mis emociones y haciendo mis tareas. Tomando el sol desde donde sea que lo agarre…

El día de mi crisis mi esposo me pregunta si yo creo en Dios. Mi respuesta fue “más o menos”. Yo toda mi vida he sido una persona muy espiritual. Yo siempre he creído en Dios, yo sé que esa fuerza existe y sé que hay algo que es lo que hace que el amanecer y el atardecer existan. Hay una inteligencia por ahí que hace que las aves sepan exactamente dónde están sus crias y regresen a ellas. Cuando uno está deprimido, se distorsiona todo, hasta nuestras creencias. Por eso me tomo un momento para escribir lo siguiente.

Querida fuerza divina que estás por ahí:

La verdad no me gusta llamarte Dios porque siento que eso te personifica y no eres una persona, eres una fuerza, eres una inteligencia, eres una energía que une las cosas…o las separas. Eres el bien y eres el mal. Eres lo feo y lo bello. Te quiero decir algo. No soy una sabia para confirmar que nos merecemos esto, pero si puedo decirte y pedirte en la manera de tus posibilidades energéticas que siempre te asomes. No te digo que pares la pandemia porque eso es muy simplista. Solo pido que los amaneceres sean más bellos, que los atardeceres los pintes más de morado y rosado, que los pájaros canten más fuerte en mi ventana para escucharlos cuando estoy debajo de mis sábanas en estado de bloqueo. Te pido que no dejes de cerrarme puertas cuando las cosas no me convienen y que me ayudes a reconocer cuando las cosas son para mi. Eso incluye a las personas. Te pido sobre todo que me des la fuerza y la inteligencia para tener siempre presente cómo cuidar a mi familia y mantenernos sanos. No te estoy pidiendo que los mantengas sanos. Te estoy pidiendo que me des a MI un poco de luz para ver bien y tomar las decisiones correctas. Yo soy inteligente, yo sé lo que esta bien y lo que no. Yo tengo sentido común, pero a veces lo pierdo.

Ahora mismo, Iván está hablando por teléfono con alguien de su trabajo, sobre lo difícil que es esto para muchos empresarios y le acabo de escuchar decir “gracias a Dios” a algo que le preguntaron. No se qué fue pero te tenemos presente.

Gracias a la vida por ponerme a vivir esto. Soy fiel creyente que en lo difícil está la verdad. Que estos momentos son los que nos hacen crecer. Imagínense salir sanos (mental y físicamente) de esta pandemia. Somos unos duros. Lo podemos hacer. Hagámosle.

OBSERVA, NO ABSORBAS

Hace unos meses fui a hacerme unas terapias energéticas con Zora Hanackova, una de las cosas que me sacó fueron los tipos emocionales en cada persona. Los tipos emocionales son los filtros que tiene cada persona para ver el mundo. Hay 4 clases de tipos de emociones:

  1. El Intelectual: que es brillante, articulado, analítico. Súper cómodo resolviendo problemas de manera lógica e intelectual. Pero, tiene problemas conectando con sus emociones.
  2. El Empático: súper sensible, da naturalmente, conectada espiritualmente y escucha a los demás. El absorber los problemas de los más en forma de energía dañina, no le ayuda en nada. Le pone ansioso, se deprime y le cuesta poner límites.
  3. La Roca: emocionalmente fuerte para sí mismo y para los demás, práctico y puede mantener su “cool” en momentos de crisis. No juzga. Le cuesta conectar con sus emociones. Refugia frustración y rabia y sus relaciones no tienen profundidad.
  4. El Efusivo: espontáneo, directo y auténtico. El buscar aceptación de los demás y no confiar en su intuición no lo hace tomar suficientes riesgos. Reina o rey del drama.

Un día en una terapia yo le dije que yo sentía profundamente lo que le pasaba a los demás, que me pasaba meses obsesionada por el dolor ajeno, pero que no estaba ayudando de ninguna manera a liberar ese dolor, aparte de las clásicas donaciones que uno hace a la iglesia cuando la ropa de tus niños se les empieza a quedar chica. O te aburriste de un par de jeans. Realmente, me sentía mal, pero no hacía nada; solo sentirme mal…

Ella me decía que tenia una maleta en mi espalda cargando los problemas de todo el mundo como si fueran propios, que tenía la necesidad de arreglarle la vida a la gente. Ahora que estoy escribiendo esto me pregunto si tengo algún complejo de súper mujer que quiere salvar el mundo.

Yo soy Empath 100%. Me pongo en tus zapatos, camino en ellos buen rato, me imagino siendo tú y me gustaría darte un break y tomar tu puesto un rato para que descanses. Y el daño que me estoy haciendo cargando con eso se traduce en quererlo controlar todo, no dejar las cosas ni a las personas ser y no descansar. Sí, yo duermo, pero amanezco cansada. Como si ni en mis sueños me dejara descansar. Pero, por qué?

Ya se que siempre seré una Empath porque aunque tenga su lado negativo, me pesa más el positivo y me gusta. Me gusta ser una Empath porque me gusta ver el corazón de los demás, saber sus preocupaciones y ayudar a resolverlas juntos.

Me ayuda a ver más allá de un problema, me hace tener la certeza de que si miro a una persona a los ojos puedo saber si me dice la verdad o no (somos altamente sensibles) y sobre todo, me ayuda a mí misma a hablar desde el corazón. He aprendido que lo que no se dice con el corazón, no tiene mucho fondo.

Mi psicóloga me envío esto hace unos días:

UNA CARTA POCO COMÚN

Querido Matías o Peter,

Te fuiste muy temprano. Dicen que los varones aguantan menos que las niñas. Que el cuerpo es sabio y que bota lo que viene mal. Sé que eras un cúmulo de celulas y tu alma no estaba ahí todavía. Si bueno, el corazón latía, pero eso es una máquina, o sea el cuerpo es una máquina. Lo rige una inteligencia suprema más adelante, como al cuarto mes. Eso es lo que creo, lo que leí y en verdad no solo lo digo yo, lo dicen las tradiciones antiguas. Y para serte bien honesta, le creo bastante más a las tradiciones antiguas que a las religiones de ahora. ¡Qué complique de mamá te iba a tocar!

Pero te amé desde el primer momento en que supe que estabas dentro mío. Si, no le estoy hablando a tu alma querido. Le estoy hablando a la idea de ti que nunca se materializó. Le estoy hablando a la energía y al nombre. Siempre me encantó Matías. También me gustaba Peter para hacerle el juego al que iba a ser tu padrino. No es que el doctor me hubiese dicho que eras un niño, pero yo te soñé y yo te intuía.

Verás bebé, me dijeron que te escribiera una carta y que después la quemara o la dejara volar por los cielos. Todavía no se muy bien qué haré, pero por alguna razón te extraño. Nunca te conocí, tal vez solo extraño la idea de ti. No, no te pongas triste amor. Yo tuve una niña preciosa después de un tiempo. Ella se llama Anna y ella hubiese sido tu hermana menor. O tal vez no. Tal vez solo nos hubiésemos quedado contigo como mi único hijo. Quien sabe, la verdad es que tengo pésima experiencia con hombres que son hijos únicos…con las mujeres es otra historia. Por ahora, Anna sí se quedó como la única que llegó a nacer.

Me pregunto a cuál cuerpo entraste después. Quiero pensar que naciste y que tu familia te ha dado tanto amor como lo hubiéramos hecho nosotros. Sabes que alguien una vez me dijo que cuando una mujer tiene deseos muy fuertes de ser madre es porque un alma está tocando la puerta para nacer. Nunca lo investigué, pero me pareció hermoso y lo tomé como una verdad. Nosotros estábamos tan listos para dejarte entrar, para recibirte. Pero tu no estabas listo. O tal vez nosotros no estábamos listos.

Hay cosas en esta vida que las he olvidado, he olvidado discusiones, he olvidado cosas hirientes que me han dicho y hecho, he olvidado hasta emociones por gente que ya no participa en mi vida porque hemos tomado caminos distintos. Pero hay cosas que jamás he olvidado. No olvidaré jamás el día en que Anna nació. Y nunca, pero nunca, olvidaré cuando llegaste a mi vida y luego te perdí.

Entiendo que hay personas que pasan por esto varias veces, que los doctores dicen que es muy común, pero al menos yo, que fui medio de transporte por un tiempo no lo siento nada común y no se cómo hubiese podido superarlo si se me hubiera ido por segunda vez.

Eras muy pequeño mi amor, imposible entender todo esto. O tal vez sí, porque estabas todavía más del lado de allá con toda esa sabiduría que de acá en la materia.

Cuando te perdí, ni siquiera sabía cómo iba a ser ese amor, solo viví el principio de el, pero no el centro del asunto. Nunca te vi los ojitos, nunca sentía tus pataditas, pero siempre te imagino.

Sabes que cuando empecé a escribir esta carta el cielo estaba nublado y ahora, el día se convirtió en un día de verano. Si, es verdad el clima cambia tan rápido por acá, pero yo se lo atribuyo a algo más grande. Hay un viento intenso ahora mismo que me hace pensar que si llegaste a nacer. Alguien te cargó por meses en su panza y estas en algún lugar. Y espero que seas feliz. Que esa idea que fuiste, haya nacido sana. Tal vez en el camino te terminaste convirtiendo en una niña. Quién sabe, el estudio de la genética no es lo mío.

Pero Matías, te deseábamos tanto y te nos fuiste. No pude sostenerte por más que quise y me acuerdo que traté de aguantarte adentro. Te fuiste porque no era tu tiempo y tampoco el mío. Tampoco el de tu papá. No estábamos listos para convertirnos en familia.

Tal vez nos encontremos en otra vida. ¿Qué tal suena eso? Recuerda que regresamos una y otra vez hasta que hagamos las cosas bien. Cuando nos reencontremos algo importante nos unirá. ¿Te imaginas que nos re encontremos en esta misma vida? Pueden pasar tantas cosas. También puede ser que no te reconozca y eso no sería lo peor. Todos estamos conectados y de alguna u otra forma nos tocará conocernos, porque así funciona. En verdad lo más probable es que no nos reconozcamos, pero es lindo soñar.

Tengo que dejarte ir, pero es difícil. Todavía lloro por ti, ¿eso es normal? ¿qué es lo normal?

Creo que nunca te dije que te amaba. Tanto que 7 años después todavía te pienso y siento una lágrima que se acaba de convertir en llanto. Necesito respirar antes de escribirte lo siguiente.

Ya es hora, dejo ir la idea de ti, te libero de mi apego y de nuevo, te amo bebé.

Tu mami (que tal vez no fui tu primera, ni tu última).

THE ROAD NOT TAKEN

By: Robert Frost

“Two roads diverged in a yellow wood,
And sorry I could not travel both
And be one traveler, long I stood
And looked down one as far as I could
To where it bent in the undergrowth;

Then took the other, as just as fair,
And having perhaps the better claim,
Because it was grassy and wanted wear;
Though as for that the passing there
Had worn them really about the same,

And both that morning equally lay
In leaves no step had trodden black.
Oh, I kept the first for another day!
Yet knowing how way leads on to way,
I doubted if I should ever come back.

I shall be telling this with a sigh
Somewhere ages and ages hence:
Two roads diverged in a wood, and I—
I took the one less traveled by,
And that has made all the difference.”

EL COLOR CREMA

Esta mañana, mi hija Anna me pide que la ayude a pintar un dibujo de unas muñecas. Me pide si le puedo pasar el color piel y ¡zas! casi caigo. Casi le paso el color “piel blanca”. Me detengo, me tomo diez segundos para pensar qué le voy a decir. Le digo: Anna, mi amor, ¿cuál color piel? Me responde: el cremita mami.

Yo definitivamente no estaba preparada para hablar de racismo con mi hija de 5 años.

Le dije que recordara que hay muchos colores de piel. Está el cremita, pero también está el crema oscuro, el oliva, el chocolate claro, el chocolate oscuro, el rosadito. Y así le expliqué. Por supuesto que me quedé pensando en esto por un buen rato y no me aguanté y aquí estoy escribiéndolo.

¿Sin querer le estamos enseñando a nuestros niños a ser racistas? ¿O sin querer queriendo? Mejor dicho, ¿las mujeres blancas le estamos enseñando a nuestros hijos a ser racistas? Con toda honestidad yo creo que sí. Pero sin querer queriendo. Y por favor, ahórrense el: “pero ‘ellos’ también son racistas con ‘nosotros'”. Porque “nosotros” se los enseñamos. Se los dijimos. Se los mostramos. Y actuamos en ello, bastante. De manera cruel. La gente murió. Esto es grave y parte de nuestra historia.

Mientras escribo esto me recuerdo de mi empleada doméstica. ¿Vieron lo que hice ahí? Dije “mi”, como si fuera de mi propiedad. Como si por pagarle un salario (completamente miserable para todo lo que hacen, pero ese es otro tema) nos hicieran sus dueños. Alguien lo dijo una vez en Twitter, es como un esclavismo moderno.

La chica que trabaja en mi casa y yo estábamos viendo la serie Bolívar en la sala de la casa. En algunas de las partes la serie se pone muy cruda en cuanto a las escenas de racismo en el tiempo de los esclavitud en América. Yo estaba impresionada de ver la barbaridad de cosas que los dueños de los esclavos les decían y les hacían. En toda mi ingenuidad y privilegio le dije a Yudi: ¿estás viendo esto? qué horrible, pobre gente. Y ella me mira y me dice: así es.

El papá de una amiga, le decía que por favor nunca se atreviera a llevarle un novio negro a su casa, que ni él, ni nadie de esa familia estaba dispuesto a hacer “moñitos” en esos pelos.

Hace unos años invité a un amigo, que es negro, a nuestro apartamemento. El conserje no lo dejó subir porque el personal de plomería tenía un horario especial.

Hay algo que no está bien, ¿no creen?

Yo si creo que somos nosotros mismos, son nuestros padres, son nuestros abuelos, es nuestra historia; los culpables. No hemos contado la historia bien. La comunicación entre generaciones sobre este tema y muchos otros han sido muy incómodas para que un grupo que usualmente lo integran diez hombres “rabiblancos” tomen decisiones.

De ninguna manera tengo la solución. Yo enseño en mi casa lo que siento en mi corazón que es lo correcto.

Tengo a una ídola bajo mi manga y se las quiero presentar. ¿Ustedes creen que están listos para tener esta conversación? Yo creo que sí.

Recorriendo Panamá

Conoce lo bello de este país.

The Literary Bend

By Monique Sanchíz de Mihalitsianos

Panamá Housekeeper

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