SOY MUJER

Uno de estos días de cuarentena anduve con corre corre dentro de mi casa, entre el estudio desde casa, el hacer una receta de almuerzo que les había prometido a todos y que haría, dedicarle tiempo al ejercicio que no deja de ser lo que me empuja a sentirme bien todos los días del encierro. Es decir, ser perfecta. Ugh.

El final del día llegó y cuando ya todos estaban en lo suyo y la pequeña dormida, llené mi tina, abrí una revista, fumé y me relajé. Me decía constantemente que me lo merecía, me lo merecía, me lo merecía ¡carajo! ¿Pero por qué me lo tenía que estar repitiendo? Aparentemente en algún lugar escuché de manera directa o indirecta que no me lo merecía, que no me merecía atenderme, que no me merecía un momento de relajación o que era mucho lujo para una mamá.

Es la misma voz esa que nos dice a nosotras las mujeres: “calladita te ves más bonita” ¡Me quiero aventar de una azotea cuando escucho eso! Si un hombre se queda “calladito” es un idiota. Si una mujer se queda “calladita” es más elegante? De verdad que tenemos que salir a la calle ya, convocar a Alejandra Araúz y a Gaby Gnazzo para que nos liberen.

Cuando terminé la pelea sobre feminismo conmigo misma y con el espejo a toda voz mientras escuchaba el playslit de Full Moon Madness de Mia Astral me acordé de algo que me dijo una psiquiatra, me dijo que las personas que hablan consigo mismas en voz alta son más inteligentes, hacen más conexiones cognitivas y logran buscarle solución a los problemas por su cuenta. ¿Qué tal?

En efecto, llegué a una conclusión sobre mi pelea feminista conmigo misma y es que: todas mis acciones deben estar aceptadas por mi yo interior. Si no lo están, si no están alineadas, si no resuenan conmigo o se sienten raras, no puedo seguir con ellas. Lastimosamente a veces las leo mal porque me autosaboteo y porque no logro terminar de conocerme, aunque no se si algún día lo haré.

Los que dicen que somos agua en su mayoría me resuena con todo el mar que tengo dentro mío, con sus oleajes, sus mareas, la brisa que orquestra todo y sus corrientes…es tan cambiante, soy tan cambiante que es difícil seguirme el ritmo. Es fascinante porque aprendo tanto observando y cuestionándomelo todo.

Estoy agradecida de tener la oportunidad de básicamente hacer lo que me da la gana, no todas las mujeres la tuvieron en el pasado. Por supuesto que hay desigualdad disfrazada, hay complejos, hay egos más grandes que los de los cuerpos que los llevan, hay una historia familiar de conductas repetidas, pero porque tenía que ser así, llega un integrante a romper el ciclo y es ahí donde nos curamos.

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