EL CÍRCULO

Tengo años con bruxismo, que es la acción de apretar y rechinar los dientes de noche o de día, en mi caso cuando estoy concentrada en algo. Por ejemplo, ahora mismo lo estoy haciendo y me acabo de dar cuenta. Esto desgasta los dientes, están golpeándose uno a uno; dormida no me doy cuenta hasta que mi esposo me despierta porque no puede dormir por el sonido o porque está aterrado que me vaya a romper la dentadura con semejante batalla allá adentro. La férula que tengo es vieja y muy desgastada, por lo que tengo que cambiarla. Porque soy como soy, tiendo a atender a todo el mundo antes que a mí y pues lo he dejado de lado.

Por el bruxismo he estado durmiendo mal. Me duele la mandíbula, el cuello y la espalda al día siguiente. He estado entre pastillas para relajar, dormir mejor, métodos naturales, etc. Pero esta condición, principalmente, la causa el estrés. Y yo respiro estrés. Siempre he sido ansiosa.

Me fui a la clínica del dolor y y después de gastarme un brazo y una pierna y de sumar en mi cabeza las 15 terapias que me enviaron con láser para desinflamar, me di cuenta que mi póliza de seguro médico no me cubre ni la mitad de esas terapias. Y yo no puedo pagar tres sesiones a la semana como era lo recomendado.

Luego de esto, tomé una decisión poco común pero en mi corazón se sentía bien. Me fui a llorar a casa de mis suegros. En dónde la esposa de mi suegro me dio los mejores consejos sobre tantas cosas, varias veces se había ofrecido pero, yo por orgullo y por una discusión tonta que tuvimos hace unos meses no quería hablarle mucho. Ella y yo somos bien diferentes o tal vez bien iguales. Todavía no me decido porque muchas veces chocamos y no estamos de acuerdo en varios temas, pero como ella me dijo una vez “familia es familia” ¡y carajo cómo me cuesta hacerle caso a esta mujer cuando tiene la razón! Es la edad y la experiencia. No es que esté vieja pero, mayor que yo. También parece que se casó con un hombre con las mismas mañas que el mío y pues, podemos hacer bonding buscándoles las similitudes que nos desesperan. Y si por casualidad ellos están leyendo esto, supérenlo. Ustedes dos son idénticos, en todo lo bueno y en lo poco malo que tienen.

El punto de todo esto es que mi día fue una tremenda porquería ayer. Lleno de dolor, lloré, grité, llamé a mi psicóloga mientras me senté en una esquinita en mi clóset mientras le lloraba. En media conversa me dió un ataque de pánico. Para rematar, no? Ella me ayudó a salir de él y con tan solo escribir sobre esto en este momento, el pánico me toca la puerta para saber si estoy disponible de nuevo….no, pánico, no lo estoy. Hoy no es el día. Ya medité y alineé mis chacras. Fuck you, fuck you, BIG time!

Con mi cuñada también hablo bastante y ella me dice que cuando siente que se va para abajo en la montaña rusa, mejor se baja. Se desabrocha el cinturón y se baja. Lo que me pasa a mí es que a veces se me olvida bajarme porque tengo la mente congestionada de emociones…pero debo bajarme más a menudo. Además que la adrenalina es deliciosa, no? ¡Cómo nos gusta el sufrimiento!

Al final del día, lloviendo y tronando como solo pasa en esta selva tropical, me puse mi pijama, me metí en mi cama y, en ese instante, una amiga me manda una foto cuando estábamos en la playa juntas hace unos años. Estábamos en una fogata en Playa El Toro en Pedasí, acostadas sobre una manta en la arena y como a mi me encanta documentar cada minuto de mi vida por si algún día pierdo la memoria, nos tomé una selfie. El flash nos encandiló la cara y ambas cerramos los ojos y ella se tapó los ojos. Nos reímos. Nos reímos bastante. Y lo mejor, cuando vi la foto en mi celular, me reí yo. Se me quitó todo. El estrés se me levantó de los hombros. Y ahora mientras escribo esto, lloro. Lloro de alegría de tener una amiga que “algo” hizo que me mandara en ese momento esa foto, en el día más difícil de mi cuarentena.

Como si la foto de ese recuerdo tan divertido no fuera suficiente, me escribe alguien con quien había perdido el contacto hace unos meses y me dice que le gusta mucho como escribo, me dijo cosas muy lindas que me llenaron el corazón. A los minutos, otra amiga me escribe y me dice que por favor no pare, que quiere seguir sabiendo qué pasa en mi vida. Que algo tengo adentro y que algo está saliendo de mí que no había visto antes y que es solo el comienzo. Aclaro aquí que yo no me creo nada especial en cuanto a la escritura y que me toca descifrar un poco qué es lo que le gusta a la gente y qué estoy haciendo.

Finalmente, di gracias. Di gracias a la vida por funcionar así. Por ser redonda como un círculo. Porque cuando estás abajo, ya sabes que la única manera de seguir andando es subiendo la loma del círculo. Me dormí con una aplicación de meditación y hoy me desperté arriba del círculo; pero me desperté con cuidado y toda la mañana he estado caminando suave, con delicadeza, casi como si todo se pudiera quebrar en un dos por tres, gozándome la parte de arriba del círculo, que es tan fugaz como lo es la parte baja, solo que esa se nos hace eterna…

Así que si alguien necesita leer esto hoy o mañana o el día que sea, sépalo. Sepa que el círculo es cerrado, estás adentro y bajas y subes, y bajas y subes. Una y otra vez. Disfruta lo de arriba y aprende de lo de abajo. Prepárate para cuando vayas de bajada y saborea cada minuto desde su cima.

Y aquí, sigo llorando de alegría porque estoy arriba y estoy feliz, con todo y mi bruxismo, con todo y que estamos en cuarentena, con todo y que mi calendario del celular dice que en unos días empieza mi PMS.

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