EL COLOR CREMA

Esta mañana, mi hija Anna me pide que la ayude a pintar un dibujo de unas muñecas. Me pide si le puedo pasar el color piel y ¡zas! casi caigo. Casi le paso el color “piel blanca”. Me detengo, me tomo diez segundos para pensar qué le voy a decir. Le digo: Anna, mi amor, ¿cuál color piel? Me responde: el cremita mami.

Yo definitivamente no estaba preparada para hablar de racismo con mi hija de 5 años.

Le dije que recordara que hay muchos colores de piel. Está el cremita, pero también está el crema oscuro, el oliva, el chocolate claro, el chocolate oscuro, el rosadito. Y así le expliqué. Por supuesto que me quedé pensando en esto por un buen rato y no me aguanté y aquí estoy escribiéndolo.

¿Sin querer le estamos enseñando a nuestros niños a ser racistas? ¿O sin querer queriendo? Mejor dicho, ¿las mujeres blancas le estamos enseñando a nuestros hijos a ser racistas? Con toda honestidad yo creo que sí. Pero sin querer queriendo. Y por favor, ahórrense el: “pero ‘ellos’ también son racistas con ‘nosotros'”. Porque “nosotros” se los enseñamos. Se los dijimos. Se los mostramos. Y actuamos en ello, bastante. De manera cruel. La gente murió. Esto es grave y parte de nuestra historia.

Mientras escribo esto me recuerdo de mi empleada doméstica. ¿Vieron lo que hice ahí? Dije “mi”, como si fuera de mi propiedad. Como si por pagarle un salario (completamente miserable para todo lo que hacen, pero ese es otro tema) nos hicieran sus dueños. Alguien lo dijo una vez en Twitter, es como un esclavismo moderno.

La chica que trabaja en mi casa y yo estábamos viendo la serie Bolívar en la sala de la casa. En algunas de las partes la serie se pone muy cruda en cuanto a las escenas de racismo en el tiempo de los esclavitud en América. Yo estaba impresionada de ver la barbaridad de cosas que los dueños de los esclavos les decían y les hacían. En toda mi ingenuidad y privilegio le dije a Yudi: ¿estás viendo esto? qué horrible, pobre gente. Y ella me mira y me dice: así es.

El papá de una amiga, le decía que por favor nunca se atreviera a llevarle un novio negro a su casa, que ni él, ni nadie de esa familia estaba dispuesto a hacer “moñitos” en esos pelos.

Hace unos años invité a un amigo, que es negro, a nuestro apartamemento. El conserje no lo dejó subir porque el personal de plomería tenía un horario especial.

Hay algo que no está bien, ¿no creen?

Yo si creo que somos nosotros mismos, son nuestros padres, son nuestros abuelos, es nuestra historia; los culpables. No hemos contado la historia bien. La comunicación entre generaciones sobre este tema y muchos otros han sido muy incómodas para que un grupo que usualmente lo integran diez hombres “rabiblancos” tomen decisiones.

De ninguna manera tengo la solución. Yo enseño en mi casa lo que siento en mi corazón que es lo correcto.

Tengo a una ídola bajo mi manga y se las quiero presentar. ¿Ustedes creen que están listos para tener esta conversación? Yo creo que sí.

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